
La temporada 2026 de la MLS arranca con un escenario muy distinto al de hace un año. El mercado de fichajes no solo movió nombres, movió jerarquías. Varias franquicias decidieron acelerar procesos, invertir fuerte y redefinir sus aspiraciones. El mensaje es claro: nadie quiere ser espectador en una liga que cada vez exige más para competir por el título.
Inter Miami vuelve al centro de la conversación tras reforzar su ataque con Germán Berterame, una incorporación que apunta directamente al Golden Boot y a sostener el impulso del campeón vigente. Minnesota United apuesta por el talento y la experiencia internacional de James Rodríguez en un año mundialista que puede potenciar su liderazgo. LAFC encontró equilibrio en el mediocampo con Stephen Eustáquio, mientras que LA Galaxy reconstruyó su zona defensiva con perfiles probados en la liga como Justin Haak y Jakob Glesnes.
San José generó expectativa con la llegada de Timo Werner, Nashville añadió consistencia ofensiva con Cristian Espinoza y clubes como Houston, Austin y Charlotte apostaron por futbolistas versátiles que conocen la dinámica de la MLS. No se trata solo de nombres, sino de estructuras que buscan competir desde el primer mes.
En medio de ese panorama, también hay equipos que decidieron no entrar en la carrera mediática, pero sí reforzar su identidad. El Philadelphia Union es uno de ellos. Tras conquistar el Supporters’ Shield la temporada pasada, el club afrontó un receso con cambios importantes: salieron figuras clave como Mikael Uhre, Tai Baribo, Jakob Glesnes y Kai Wagner. Sobre el papel, son bajas sensibles para cualquier aspirante.
Sin embargo, la fortaleza de Philadelphia no ha sido únicamente individual, sino estructural. Su modelo de presión alta, disciplina colectiva y desarrollo interno le ha permitido competir de forma constante desde 2018. Aunque no protagonizó las contrataciones más ruidosas del invierno, mantiene una base competitiva que ya sabe lo que es liderar la liga en puntos. Apostar en contra del Union rara vez ha sido una fórmula segura en los últimos años.
Lo que define a la MLS 2026 es precisamente ese contraste: franquicias que buscan impactar con estrellas internacionales y otras que consolidan proyectos sostenibles. La liga está más profunda, más equilibrada y más impredecible. La diferencia entre un candidato y un aspirante ya no está solo en el talento, sino en la capacidad de sostener rendimiento durante una temporada larga, con viajes, competencias paralelas y presión constante.
El arranque de campaña no ofrece favoritos absolutos, pero sí múltiples contendientes legítimos. Inter Miami quiere confirmar su hegemonía. LA Galaxy y LAFC buscan recuperar protagonismo pleno. Equipos emergentes apuntan a romper la lógica. Y proyectos consolidados como Philadelphia recuerdan que la constancia sigue siendo un arma poderosa.
La MLS no solo vuelve; evoluciona. Y en esa evolución, el título de 2026 no será cuestión de ruido, sino de ejecución.
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