
MIAMI. — Venezuela escribió la página más grande de su historia deportiva al conquistar el Clásico Mundial de Béisbol 2026, derrotando 3-2 a Estados Unidos en una final intensa disputada en el loanDepot Park. Lo que hace aún más impactante este logro es el punto de partida: la selección vinotinto llegaba al torneo como la cuarta favorita, con apenas un 10% de probabilidades de ganar, y terminó levantando el trofeo en el escenario más exigente del béisbol internacional.
El equipo construyó su camino con una identidad clara, pero también con figuras que marcaron la diferencia en los momentos clave. Maikel García, quien fue reconocido como el Jugador Más Valioso (MVP) del torneo, lideró con consistencia ofensiva y aportó carreras importantes, incluyendo producción en la final. A su alrededor, nombres como Salvador Pérez, líder emocional del grupo, y Ronald Acuña Jr., generador constante de presión ofensiva, fueron fundamentales en el recorrido hacia el campeonato.
La final fue el reflejo perfecto de ese equilibrio entre talento y carácter. Venezuela tomó ventaja temprano y logró controlar el ritmo del partido gracias a una salida sólida de Eduardo Rodríguez, quien trabajó con inteligencia ante una alineación estadounidense cargada de estrellas. En el quinto inning, Wilyer Abreu amplió la ventaja con un cuadrangular que parecía encaminar el juego.
Sin embargo, Estados Unidos respondió en el octavo episodio con un jonrón de dos carreras de Bryce Harper, empatando el partido y colocando la presión nuevamente del lado venezolano. Fue en ese momento donde el equipo mostró su verdadera dimensión competitiva.
En la novena entrada, tras una secuencia bien ejecutada en las bases, apareció Eugenio Suárez, quien conectó el doble que impulsó la carrera decisiva y terminó definiendo la final. Ese batazo no solo rompió el empate, sino que quedó marcado como uno de los momentos más importantes en la historia del béisbol venezolano.
El bullpen hizo el resto. Con firmeza y control, Venezuela cerró el partido y aseguró un campeonato que fue construido con trabajo colectivo, pero también con actuaciones individuales determinantes en los momentos más exigentes.
Más allá del resultado, este título representa un cambio definitivo en la historia del Clásico Mundial. Durante años, Venezuela fue vista como una selección talentosa pero incompleta en este torneo. En Miami, esa narrativa quedó atrás. Con un grupo que combinó liderazgo, producción ofensiva y pitcheo oportuno, el equipo demostró que estaba listo para dar el paso final.
El campeonato no solo premia el talento, sino la convicción de un equipo que nunca dejó de creer, incluso cuando las probabilidades no estaban a su favor. De un 10% de posibilidades a la gloria absoluta, Venezuela se consagra como campeona del mundo y redefine su lugar en la élite del béisbol internacional.
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