
Cuando Quinn Sullivan pisa la cancha, el talento fluye. Pero lo que hizo el pasado 19 de abril en Subaru Park va más allá del talento. Fue poesía en movimiento. Un disparo de volea que levantó al estadio y recorrió las redes sociales del país, consagrándose como el Gol del Mes de abril en la Major League Soccer (MLS).
Corría el minuto 26 del duelo frente a Atlanta United. Kai Wagner subió por la izquierda y mandó un centro tenso al área. El despeje de Slisz quedó corto y el balón cayó a los pies del joven Sullivan. Sin titubear, controló con el pecho y conectó una volea fulminante que se clavó en el ángulo izquierdo de Brad Guzan. Golazo. De esos que se repiten en cámara lenta una y otra vez.
Este tanto, además de abrir el marcador en la victoria 3-0, no solo le dio al Union tres puntos vitales, sino que catapultó a Sullivan como una de las figuras emergentes de la temporada. El público lo eligió con contundencia como el ganador del BIMBO Gol de Abril y del AT&T Goal of the Matchday, superando a varios nominados de renombre.
Pero Quinn no se detuvo ahí. En ese mismo encuentro, también sirvió una asistencia impecable a Tai Baribo, reafirmando que no es solo gol, sino también visión, precisión y madurez. Con apenas 20 años, su nombre empieza a sonar con fuerza en los círculos de la selección estadounidense, y no es para menos.
Desde dentro del club se siente el crecimiento de Quinn. Su confianza, su carácter, y su conexión con los fanáticos lo convierten en uno de los talentos más prometedores del Union y de toda la MLS. Lo que vivimos en abril no fue suerte; fue el inicio de lo que podría ser una temporada estelar para el mediocampista nacido en Filadelfia.
Y si algo ha quedado claro es esto: cuando Quinn Sullivan tiene el balón cerca del área, algo mágico puede pasar.
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