
Rafael Devers ha despertado, y lo ha hecho con una furia ofensiva que está comenzando a reescribir la narrativa de los Boston Red Sox en esta temporada. De un inicio sombrío —0 de 21 con 15 ponches— el dominicano ha explotado con una fuerza descomunal en los últimos juegos, colocándose nuevamente en el corazón del lineup y dejando claro que su bate sigue siendo uno de los más temidos en toda la liga.
En sus últimos cinco partidos, Devers ha estado intratable: de 19-10, con un jonrón y siete carreras impulsadas, incluyendo una noche monstruosa de cuatro hits y cuatro anotadas en la paliza 18-7 sobre los Cardinals. Esa actuación marcó su 14º juego de cuatro imparables en Grandes Ligas, una señal inequívoca de que está en su mejor momento.
Pero lo más impactante no es solo su regreso sino con quién lo está logrando.
EL NUEVO DÚO: DEVERS Y BREGMAN
A su lado, Alex Bregman comienza a escribir un nuevo capítulo en su carrera. Con un jonrón de tres carreras y seis impulsadas —igualando su marca personal— Bregman empieza a consolidarse como líder en su nueva casa. Y si alguien tenía dudas sobre su adaptación a Boston, esta serie las disipó por completo.
Ambos se combinaron para nueve impulsadas en un solo juego, convirtiéndose en el motor de un lineup que conectó 22 hits, su cifra más alta de la temporada. Bregman no solo ha aportado con el madero; también ha traído experiencia, carácter y equilibrio a una alineación que pedía a gritos una chispa veterana.
UNA CONEXIÓN QUE PUEDE CAMBIAR TODO
Cuando dos bates de ese calibre se calientan al mismo tiempo, el resultado suele ser devastador. Y eso es exactamente lo que está viviendo Boston. La sincronía entre Devers y Bregman ya empieza a generar temor en los lanzadores rivales. Si esta química se mantiene, los Red Sox no solo volverán a competir: podrían meterse de lleno en la pelea por la postemporada.
DE REPENTE UN EQUIPO PELIGROSO
Este dúo va mucho más allá de una buena racha. Es un aviso a toda la liga. Boston respira. Y con Devers encendido y Bregman tomando el control, los Red Sox podrían convertirse nuevamente en ese equipo incómodo que nadie quiere enfrentar cuando llegue septiembre.
DEPORTES MANIEL