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Rafael Devers despierta: El bate esperado por Boston ya empezó a sonar

Foto de Eric Canha-Imagn Images

Durante la primera semana de temporada, Rafael Devers parecía un fantasma de sí mismo. El hombre llamado a ser el motor ofensivo de los Medias Rojas comenzó el 2025 como si hubiese olvidado cómo batear: un alarmante 0 de 21 con 15 ponches, un récord negativo para el inicio de una campaña. Las alarmas se encendieron en Boston, y no era para menos. Con Devers movido al rol de bateador designado tras la llegada de Alex Bregman, la presión sobre sus hombros era más pesada que nunca. Pero el dominicano ha comenzado a silenciar las dudas… a puro batazo.

El punto de quiebre llegó este domingo en el siempre mágico Fenway Park. En la primera parte de una doble cartelera ante los Cardenales, Devers sacudió su primer cuadrangular de la temporada, un misil de 393 pies por el jardín izquierdo que desapareció tras el Monstruo Verde. No fue solo un jonrón: fue un grito de guerra. Una declaración de que el slump había quedado atrás.

El swing lo dijo todo. Una cuenta llena, una recta de 93.2 millas por hora, y un batazo con una violencia controlada: 107.4 mph de velocidad de salida. Mientras cruzaba el plato, Devers miró al cielo y se puso el casco de Wally, el Green Monster, como quien se exorciza públicamente. La afición enloqueció. Boston tomaba la ventaja 2-1, y el alma del equipo parecía volver a su sitio.

Pero la historia no terminó ahí. Los Cardenales remontaron en la octava entrada, y Fenway contuvo la respiración. Hasta que, con las bases llenas en el noveno, Devers volvió al plato. No con un batazo, pero sí con paciencia: negoció un boleto con los sacos llenos y empató el juego. Luego, Wilyer Abreu —en un papel de héroe que ya empieza a hacerse costumbre— lo definió con su primer walk-off como profesional en la décima.

Lo de Devers no es solo una buena jornada. Es una tendencia. Desde que rompió el 0 en su sexto juego, suma una racha de cuatro partidos bateando de hit. Su cuadrangular del domingo no solo cortó una sequía personal de 110 apariciones sin volarse la cerca —que se remontaba a agosto de 2024—, sino que también sirvió como bálsamo para un equipo que necesita su bate encendido si quiere competir en la siempre complicada División Este.

El bateador designado que parecía perdido ha vuelto a ser el Devers que Boston conoce: el que puede cambiar un juego con un solo swing. ¿Ha despertado del todo? Esa respuesta la dará el calendario. Pero por lo visto el domingo, el tigre ya abrió los ojos y está hambriento.

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