
MILWAUKEE — En octubre, los grandes lanzadores no solo tiran, dominan. Y este lunes, Blake Snell no solo dominó: firmó una obra maestra para la historia de los Dodgers de Los Ángeles, que vencieron 2-1 a los Brewers de Milwaukee en el Juego 1 de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, dentro de un American Family Field que pasó del rugido a la incredulidad.
El dominio de un zurdo en modo leyenda
Snell lanzó como si el tiempo retrocediera a la era de Sandy Koufax. Ocho entradas completas, solo un hit permitido, 10 ponches, ningún corredor cómodo y una frialdad que heló el estadio. El zurdo se convirtió en el primer lanzador desde 1956 en enfrentar al mínimo de bateadores a través de ocho innings en postemporada, algo que no se veía desde la perfección de Don Larsen en la Serie Mundial de aquel año.
El único que logró embasarse, Caleb Durbin, fue inmediatamente eliminado por un certero viraje a primera. Después de eso, Milwaukee no volvió a pisar base hasta el noveno inning.
“Desde el primer pitcheo se notaba que estaba en otro nivel”, dijo Freddie Freeman, autor del jonrón que rompió el empate en la sexta entrada. “A veces un pitcher necesita tiempo para asentarse… Snell estaba listo desde el inicio.”
Una joya con sabor a historia
Para un hombre que ya posee dos premios Cy Young, lo que hizo Snell anoche fue añadir otro capítulo a una carrera que ya coquetea con la inmortalidad.
Su efectividad en esta postemporada es de 0.86, la segunda mejor para un zurdo en la historia de los Dodgers, solo superada por la marca mítica de Koufax (0.38 en 1965).
“Siempre soñé con vestir este uniforme”, confesó Snell al finalizar. “Jugué contra ellos en 2020 con Tampa y siempre pensé: ‘algún día quiero ser parte de eso’. Hoy estoy viviendo ese sueño.”
Los Dodgers, un legado de brazos dorados
Si hay una tradición que define a los Dodgers, es su herencia de lanzadores legendarios. De Koufax a Sutton, de Valenzuela a Kershaw, y ahora, Snell está escribiendo su propio capítulo. El cuerpo de abridores de Los Ángeles lleva seis victorias y una derrota en los playoffs, con una asombrosa efectividad colectiva de 1.65. Y aunque su ofensiva no siempre ha brillado, el pitcheo está marcando la pauta.
“Podemos hablar de bateo, de defensa, de bullpen… pero lo que está haciendo nuestro staff abridor es de otra galaxia”, afirmó Freeman. “Se alimentan entre ellos, se retan, se superan.”
El golpe de Freeman y la resistencia final
El duelo de pitcheo se mantuvo 0-0 hasta que Freeman, con su swing elegante y preciso, la mandó al jardín derecho en la sexta. Ese batazo bastó para darle a los Dodgers la ventaja y, finalmente, la victoria. El bullpen de Los Ángeles aguantó el empuje de Milwaukee en el noveno, cerrando una noche en la que el pitcheo fue arte puro.
La diferencia entre un buen equipo y un campeón está en los detalles. Y los Dodgers, con Snell al mando, juegan con el ritmo y la confianza de quien ya ha estado aquí antes. Su plan es claro: ganar desde el montículo y dejar que el lineup produzca lo justo. La Serie apenas comienza, pero Milwaukee ya sabe lo que significa enfrentarse a un lanzador en estado de gracia.
“Cuando Snell sube al montículo, el béisbol se detiene. No lanza: escribe historia con cada pitcheo.”
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