
LOS ÁNGELES — Pasaron seis horas y treinta y nueve minutos de béisbol puro, una montaña rusa de emociones, y cuando parecía que el amanecer iba a sorprenderlos todavía jugando, Freddie Freeman volvió a escribir su nombre en las páginas doradas de la Serie Mundial.
Con un jonrón solitario en el inning 18, Freeman selló la victoria 6-5 de los Dodgers sobre los Blue Jays y puso la serie 2-1 a favor de Los Ángeles, en un partido que ya se cataloga como uno de los más épicos en la historia moderna del Clásico de Otoño.
“Es uno de los mejores juegos de Serie Mundial de todos los tiempos”, dijo sin titubear el mánager Dave Roberts al finalizar el encuentro. Y no exageró.
El duelo igualó el récord histórico de más innings en una Serie Mundial, compartiendo la marca con el maratónico Dodgers–Red Sox de 2018.
Pero antes del desenlace heroico, hubo otra figura que dominó la noche: Shohei Ohtani.
El japonés, programado para lanzar en el Juego 4, protagonizó una actuación fuera de toda lógica. Se convirtió en el primer jugador en la historia de la postemporada en llegar a base nueve veces en un mismo partido, con cuatro extrabases, dos jonrones, un doble productor y cuatro boletos intencionales.
Su cuadrangular del séptimo inning empató el juego 5-5 y lo condujo hacia la eternidad.
Freeman lo resumió con simpleza:
“Shohei fue el verdadero protagonista de esta noche. Lo mío fue solo el final de una película que él escribió.”
La historia del juego tuvo de todo: seis corredores fueron eliminados en las bases, una jugada insólita de Bo Bichette confundiéndose con la señal del árbitro y siendo sorprendido en primera por Tyler Glasnow, y récords de 37 corredores dejados en base entre ambos equipos. Ni un solo doble play se registró en 18 capítulos de tensión absoluta.
El inicio había sido prometedor para Los Ángeles, con jonrones consecutivos de Teoscar Hernández y Ohtani ante Max Scherzer, quien salió del juego en el quinto episodio después de 89 lanzamientos.
Toronto respondió con fuerza en el cuarto, cuando Alejandro Kirk castigó a Glasnow con un batazo de tres carreras, y luego Vladimir Guerrero Jr. se deslizó desde primera para anotar tras un imparable de Bichette que puso el marcador 5-4.
Sin embargo, cada vez que los Blue Jays respiraban, Ohtani los sofocaba. En la quinta, conectó un doble de otro planeta que volvió a empatar las acciones, y más tarde, su batazo hacia el jardín izquierdo en el séptimo desató el rugido del Dodger Stadium.
En los innings extra, emergió un héroe inesperado: Will Klein, un relevista poco conocido que había sido agregado al roster de la Serie Mundial apenas días antes. Lanzó cuatro entradas en blanco, salvando a un bullpen exhausto y dándole vida al equipo angelino.
“Estaba en casa, en Arizona, sin imaginar que esto pasaría. Solo me mantuve listo mentalmente… y aquí estamos”, confesó el lanzador emocionado.
También hubo espacio para la nostalgia: Clayton Kershaw, en lo que serán sus últimos juegos en el Dodger Stadium, entró como relevista en el inning 12 y retiró a su único bateador con una ovación que estremeció el estadio.
Después de casi siete horas de béisbol, el reloj marcaba más de la medianoche cuando Freeman se paró en la caja. En cuenta completa, cazó un sinker de Brendon Little y lo envió sobre la pared central, repitiendo la gloria de su walk-off del año pasado ante los Yankees.
“Volver a hacerlo, un año después, en otro escenario de Serie Mundial… es algo que no se puede explicar”, dijo el inicialista entre sonrisas. “Lo importante es que estamos arriba 2-1… y mañana lanza Shohei.”
Una noche que lo tuvo todo: historia, drama, resistencia y un héroe que no se cansa de sorprender.
Los Dodgers ganaron mucho más que un partido: recuperaron el alma del béisbol.
El mensaje quedó escrito bajo las luces de Hollywood:
“Los héroes cambian, pero los Dodgers siguen escribiendo finales de película.”
DEPORTES MANIEL