
LOS ÁNGELES — Lo que Shohei Ohtani hizo anoche no fue béisbol, fue ciencia ficción con uniforme de los Dodgers.
En una jornada que se extendió por 18 entradas y más de seis horas y media, el japonés protagonizó una de las actuaciones más impresionantes en la historia de la Serie Mundial, guiando a Los Ángeles hacia su victoria 6-5 sobre los Blue Jays y tomando ventaja 2-1 en la serie.
Ohtani terminó el juego con una línea de 4-4, 2 jonrones, 2 dobles, 3 carreras impulsadas y 5 boletos (cuatro de ellos intencionales), convirtiéndose en el primer jugador en la historia de la postemporada en llegar a base nueve veces en un solo partido. Además, igualó el récord de la Serie Mundial de más extrabases en un juego (4) y se convirtió en el primero con tres juegos multijonroneros en una misma postemporada.
Su impacto comenzó desde temprano: abrió el juego con un doble de terreno y en el tercer episodio castigó a Max Scherzer con un cuadrangular monumental al jardín derecho. En el quinto, con los Dodgers abajo 4-2, conectó otro doble remolcador y más tarde anotó la carrera del empate tras un sencillo de Freddie Freeman.
Pero el momento que selló su noche mágica llegó en el séptimo inning, cuando volvió a desaparecer la pelota para empatar el juego 5-5 con un swing perfecto que desató la locura en el Dodger Stadium. A partir de ahí, los Blue Jays decidieron rendirse ante la lógica: lo caminaron intencionalmente cuatro veces, incluso con bases vacías.
“Nuestro lanzador de mañana se embasó nueve veces hoy. Increíble.”, dijo entre risas Freeman tras el juego. “Cuando estás tan encendido como él, no hay forma de detenerlo.”
Los números de Ohtani en esta postemporada ya son de leyenda: 8 jonrones, 19 impulsadas y promedio sobre .400. Anoche, además, se convirtió en el jugador más temido del planeta —y lo hizo con la serenidad de quien sabe que al día siguiente subirá al montículo. Al final del maratón, Ohtani celebró con sus compañeros la victoria, exhausto, con los ojos brillando y el cuerpo al límite.
“Quiero dormir lo antes posible para prepararme para el Juego 4”, dijo en la transmisión de FOX, consciente de que menos de 18 horas después le toca lanzar.
El mánager Dave Roberts lo resumió con una frase sencilla:
“Está agotado, pero feliz. Mañana sube al montículo… y estará listo.”
En una noche que quedará grabada en la historia del béisbol, Shohei Ohtani volvió a redefinir los límites de lo posible. No solo fue el alma del juego: fue el motivo por el que este clásico de 18 entradas se convirtió en una obra inmortal.
El béisbol tuvo dueño en Los Ángeles, y su nombre fue Shohei Ohtani.
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