
Stephen Curry volvió a dejar claro que su legado no se detiene. En la derrota de Golden State 121-113 ante Orlando, el astro de los Warriors firmó 34 puntos y superó a Vince Carter en la lista de máximos anotadores de todos los tiempos, alcanzando los 25,749 puntos oficiales que lo elevan al puesto 22 de la historia de la NBA.
El hito llegó de la manera más apropiada para el mejor tirador de todos los tiempos: un triple limpio en el segundo cuarto, una ejecución tan natural para él como respirar.
Pero para Curry, este récord tuvo un significado especial. No solo dejó atrás a una leyenda del juego; dejó atrás a alguien que conoció desde niño. Mientras su papá, Dell Curry, jugaba sus últimos años con los Toronto Raptors, Stephen —un muchachito de 11 o 12 años— se pasaba horas en el gimnasio jugando uno contra uno con Carter, entonces el fenómeno que encendía Canadá y la liga entera.
“Hay nombres que pesan por lo que representan y por tu historia con ellos. Vince es uno de esos”, dijo Curry con nostalgia después del partido. “Compartir tantas memorias con él en Toronto hace que esto sea todavía más especial”.
El siguiente nombre que aparece en el camino del dos veces MVP es Kevin Garnett, quien sumó 26,071 puntos en sus 21 temporadas.
A ritmo de 29.1 puntos por juego, Curry podría adelantarlo a mediados de diciembre, otro paso hacia una meta que hasta hace unos años parecía impensable: terminar su carrera dentro del top 10 histórico.
Mientras Golden State atraviesa un proceso de transición, Curry continúa siendo su brújula, su motor y su historia viviente. Cada triple, cada noche histórica y cada récord que rompe empuja aún más su candidatura como uno de los jugadores más influyentes que haya tocado una cancha.
Y en una jornada donde incluso el novato Will Richard recibió su anillo de campeón de la NCAA en una ceremonia sorpresa, fue Curry quien volvió a robarse el protagonismo.
Un niño que jugaba uno contra uno con Vince Carter en Toronto… hoy sigue escribiendo capítulos eternos en la NBA.
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