
Lionel Messi ha destrozado récords, defensas y libretos durante toda la temporada 2025, pero ahora se enfrenta a un desafío distinto: un duelo de semifinales ante un Evander en estado de gracia, en una cancha donde FC Cincinnati ha hecho del sufrimiento una forma de ganar. El argentino viene de una de las mejores campañas individuales en la historia de la MLS —47 aportes de gol, solo uno por debajo del récord de Carlos Vela— y llega encendido con ocho contribuciones en la primera ronda de playoffs. Sin importar los ajustes tácticos, la carga de partidos o los intentos por aislarlo, Messi ha dominado cada serie que toca.
Pero al frente estará Evander, el único jugador este año capaz de superarlo en algún renglón ofensivo, un creador que mezcla pausa, último pase y gol con una influencia que Cincinnati ha convertido en identidad: ganar juegos cerrados. El brasileño lideró al club con 33 contribuciones de gol y con un peso táctico que obliga a las defensas rivales a seguirlo incluso en los espacios donde no parece haber peligro.
Messi llega a Cincinnati sabiendo que su sola presencia cambia el partido, pero también consciente de que este es el tipo de eliminatoria donde un detalle decide todo. Evander flota entre líneas; Messi rompe estructuras. Evander sostiene a un equipo que vive del margen mínimo; Messi puede borrar un plan completo en una jugada.
Los dos mejores No. 10 del año se cruzan en una semifinal que puede decidirse por un chispazo, una pelota quieta o un movimiento que solo los genios ven. Y aunque Cincinnati tiene su casa, su estilo y su equilibrio, Messi ha demostrado que, cuando el juego se inclina, él puede inclinarlo más.
DEPORTES MANIEL